Mis queridos vecinos de charrilandia se merecerían un blog para ellos solitos, pues parece que son harina de otro costal. Ni que estuvieran sacados de una serie de Jose Luis Moreno, o de sobrinos de este.
El asunto es que hoy regreso a casa, y veo que el piso está frío. Pregunto que qué pasa, y me dicen que no ha habido calefacción en todo el día.
Precisamente hoy, que estamos a dos agradables grados centígrados, va y no hay calefacción. Primero pienso que la comunidad se habría quedad sin gas-oil, cosa medianamente habitual. Pero a los 15 segundos (sí, mis vecinos ya no me dejan pensar bien de ellos), me doy cuenta que nuestro sistema de calefacción central funciona con bombas que se conectan y desconectan individualmente.
Vale, parece lógico, y pienso “No habrán sido capaces… otra vez”. Entonces voy para allá, y lo veo. Otra vez la bomba desconectada, y nosotros congelados.
Claro, la primera vez, uno pregunta que qué pasa, y la vuelve a conectar.
La segunda, uno la vuelve a conectar, con la mosca detrás de la oreja.
La tercera vez (finales de octubre…) uno la conecta de nuevo, bastante mosqueado ya con el asunto.
Pero ya a la cuarta, uno se caga en todos sus muertos. Y que se hace. Poner un cartelito en el portal. Explicando la situación.
Sólo espero que vengan a disculparse en las próximas dos semanas, si no quieren tener un problema de los gordos.


