En 24 horas habré superado mi acto de graduación, alguien se habrá caído por las escaleras del palacio de congresos, nos habremos reído, pasado los nervios, vernos todos con tiros largos y al profesorado con traje académico. Oído, que no escuchado, el discurso del Decano, y ver como está todo camacho con la toga… y el sudor. El calor de los focos y los aplausos indiscriminados de padres, familiares y colegas.
Ser el centro de atención durante al menos 3 minutos en lo que te imponen la beca, te saludas con los profesores y te hacen la foto… una parafernalia, pero una parafernalia curiosa importada de EE.UU. Para que luego digan de la globalización, que me da, que hasta los más antiglobalizadores de la facultad se nos gradúan.
