No es tan fácil como parece, a primera vista, circular por Salamanca.
Es una ciudad pequeña, con semáforos y un tráfico aparentemente regulado. A eso símplemente digo ¡JA! Cada vez que pienso en coger el coche por el centro, sudores fríos se adueñan de mi frente, prefiero coger la salida oeste por evitarme la rotonda de la salida sur, y además evito los autobuseros.
Pero, ¿qué ocurre cuando no vas protegido por un chasis, y estás en una bicicleta? Simple y sencillo, que muy probablemente serás atropellado, si no es por un coche al uso, será por un coche de la policía local de Salamanca.
Hoy llevaba un poco más de prisa de lo normal, por lo que decidí bajar todo el camino por carretera, en vez de ir alternando parque y aceras anchas, como suelo hacer últimamente.
Y ahí iba yo, feliz cual perdiz, sobre mi bicicleta frankenstein, hecha mitad bici nueva, mitad recambios mejores de otra bici vieja. Yo procurando marcar bien los intermitentes, es decir, levantando el brazo que tocaba en cada momento.
Situación uno, el cruce del final de mi calle. Yo indico que quiero girar a la izquierda, y aparece un estupendo SEAT LEÓN NEGRO que se mete a mi lado, con su intermitente indicando a la izquierda también.
Muy bien, según las normas de circulación, la bicicleta con su ciclista y brazo levantado también es una cosa que debe ir por la calzada, y se le debe respetar como tal.
Parece ser que al agradable conductor del SEAT LEÓN NEGRO se le olvidó esa parte. Agradable y encorbatado, porque para empezar, primero se mete pegadito, y luego me sacude un castañazo con el retrovisor en la mano… teniendo en cuenta que se metió… y el tío no tuvo la decencia de parar, salió escopetado.
Claro, si dentro de un chasis ya sufro trastornos de personalidad, sobre una bicicleta crecen exponencialmente. Resultado, un servidor gritando en medio de la avenida la supuesta profesión del encorbatado conductor del maravilloso SEAT LEÓN.
Situación dos. Ahora voy a entrar a una rotonda, y por suerte no hay nadie… así que entro, y veo que aparece un maravilloso OPEL CORSA CUPÉ AMARILLO (¿Qué pasa, hoy es el día de los coches canis?).
Y yo pensando, tengo preferencia, digo yo que frenará.
Imposible que no me vea con una mochila NARANJA y una bicicleta ROJA.
Resultado, un servidor pegando un frenazo en mitad de la rotonda (menos mal que no había nadie) porque un estupendo OPEL CORSA CUPÉ AMARILLO casi me lleva por delante.
Y aparece de nuevo mi bipolaridad, con funestos resultados. Es decir, un servidor parado en medio de la rotonda, mentando a la madre del conductor del OPEL CORSA AMARILLO, y añadiéndola al gremio de la madre del conductor encorbatado del SEAT LEÓN NEGRO.
Decisión tomada, se acabó el seguir por la calzada, así que cojo acera, y empiezo a bajar, cuando un agradable policía local me para, y me dice que debería ir por la calzada.
Yo me calmaré, todos los veréis, uno dos y tres… yo me calmaré
Obviamente, con la benemerita charra es mejor no hacer ni decir nada. Así que yo, agradablemente me bajé de mi bicicleta y me puse a empujar.
Verá, caballero… prefiero empujar mi medio de transporte hasta el campus, a volver a correr el riesgo de ser atropellado dos veces.
Y todavía doy gracias al no haberme topado con ningún autobús. Mañana bajo a clase con casco, rodilleras, coderas, espinilleras y una armadura medieval.

