Suena el despertador en mis sueños. Pero eso es lo que estaba soñando, nada más lejos de la realidad. Soñaba que me despertaba, mientras dormía panza arriba, con la persiana bajada, y unos tenues rayos de luz que se filtraban entre las varillas de bambú del stor.
Claro, ya empezamos mal el martes. Dichoso martes, se supone que es algo más positivo que el lunes, pero este martes, como si hubiera sido un lunes.
Es decir, comenzando con pereza y cansancio. Se supone que los martes sólo necesito una taza de café para volver a ser persona y dejar el estado comatoso. Pero hoy ha sido diferente.
Hoy ha sido como un lunes, desayunando una cafetera entera.
Cafeína en vena, sin problema, es como tener un gotero de café, constante, ese tueste colombiano, esos posos obstruyendo mis arterias. ¿Quién dijo colesterol? Total, es más útil inyectar con un gotero café.
Café y sus posos.
Aunque está claro, Daniel, que el café va a quedar con posos si no pones el filtro de la cafetera.
Lógico, pero es lunes, digo, martes por la mañana. Uno no está para pensar demasiado, el mundo sería más fácil con una cafetera monodosis al más puro estilo de Nestle, aunque es demasiado hyper-cool para ser verdad, además de que acabaría con las capsulitas en una sola mañana. Seguiremos con la cafetera de goteo, y el gotero de toda la vida.
De momento, me limito a saltar encima de la cama.

