Crónica de una mañana

4 06 2008

De estudio, claro. Y esto es mejor ponerlo por puntos.

 

  1. Despertador. Hay tres opciones, la cual más tortuosa que la anterior. La primera la radio, nivel de tortuosidad, 10 sobre 10, puede alcanzar niveles superiores, siempre que selecciones mal la emisora, quiero decir, que como te despiertes con la COPE, malo malo malo. Opción dos, alarma del móvil puede llegar a alcanzar niveles de 15 sobre 10, pues despertarse al ritmo de keane es malo… Y la peor de todas: “ALARMA NUCLEAR TEJODESQUETOCADESPETARSE DE LA RADIO”, desarrollada por el instituto de I+D de Thompson… y para poner en situación, solos en la oscuridad tú, la radio y la mesilla. Suena alarma nuclear… y tus sueños siempre terminan igual, soñando con Hiroshima. Te levantas cual resorte, y vas hacia el botón… ahora es cuando entra en juego la mesilla de noche, y ZAS EN TODA LA RODILLA. Hoy tocó la alarma nuclear.
  2. Ducha. Una vez que has logrado recuperarte del susto, te diriges a la ducha, y hoy, sólo hoy es el único día que te pones las gafas nada más despertar. En el estado más catatónico posible, coges una toalla, y pones dirección al baño. Abres grifo, regulas temperatura, te metes en la bañera, pones la ducha, levantas la cara para despejarte… y te preguntas ¿por qué veo gotitas, y no se me mojan los ojos? Respuesta: LAS GAFAS.
  3. Desayuno. Café triple con un redbull y un sandwich de “jamonyqueso”. Post desayuno uno se lava los dientes, ya en estado menos catatónico, y coge las cosas para ir a la biblioteca.
  4. De camino a la biblioteca. Ahora por fin el redbull y los cafés hacen estragos, y te ponen ojos abiertos como platos. Tus pupilas de empiezan a secar, pero la cafeína impide que pestañees, y si lo logras, lo harás de forma rápida y frenética.
  5. Biblioteca. Eliges un buen sitio, has llegado a primera hora, tienes tiempo, y te pones donde sabes que funciona el aire acondicionado, y no suele haber mucho ruido. PERO (porque hoy es el día de los peros) van y se te sientan dos pavas enfrente. Miras, analizas, la una no está nada mal, la otra es un troll. Y de repente, sacan unos apuntes llenos de dibujitos, de Derecho Canónigo (sí, sí, canónigo, que estas son así). Y luego una colección de rotuladores más grande que la paleta de colores de un Macintosh. Sigues analizando detalles, tacones, pulserita con cosas enganchadas, y ropa de marca. Has cometido el mayor error de tu vida.
  6. Biblioteca 2: Intentas concentrarte, pero el parloteo de Elissa y Marissa no te deja estudiar, subes el volumen del mp3… imponsible, y una va al baño. “TOC TOC TOC”, los tacones contra el suelo. Las odias de un modo irracional, y en media hora has aprendido por que la ropa de Tommy es mejor que la de Versache… y que se ha comprado un polo en nosedonde, papi le regaló un mini, que para rematar es el descapotable que te gusta, y que está aparcado abajo (mayor odio irracional).
  7. Biblioteca 3: Ahora se ponen a hablar de ligues. Ya el mp3 no vale para nada, es imposible, una tiene la voz de pito y la otra voz afectada-osea-te-lo-juro. Escuchas, mientras intentas repasar… y uno se entera de cada cosa… que si Elissa se ha tirado ya a medio tuenti, que si Marissa se lió el otro día con uno de nuevas generaciones que va al mismo club de golf que ella, que si Elissa se lo montó con el profesor de político, que si Marissa hizo lo mismo con el de Internacional.
Ya no puedes mas, y te piras a casa, ganas de cargártelas, pues no te faltaron… pero vamos, promiscuas como ellas solas. Quién me iba a decir a mi que estas dos se lo pasaban tan bien. Promiscuidad, religión y un poco de prozac. Debería escribir un libro.
Imagen: Resumen de la vestimenta de Elissa

 





Sábado por la mañana

31 05 2008

Te despiertas a ritmo de “Everybody’s Changing” de Keane. En la oscuridad buscas el móvil para desconectar la alarma. La alarma no se desconecta. Botones convulsivos pulsas… a las 8 de la mañana de un sábado el léxico todavía no está ordenado. Sms… ya lo mirarás. Gafas, zapatillas, navegador con dirección cocina. Estás dormido, llegas a la cocina y abres el armario. Coges una taza y el café. Vas a coger unos cereales, que no te quedan, y se los coges a tu compañero de piso… Notas que la caja pesa demasiado, la miras detenidamente y ves “DERECHO ROMANO”.

Entonces es cuando reaccionas, y te das cuenta, que para llegar a la cocina desde la habitación de Béjar, hay que girar a la izquierda en vez de a la derecha. Y de repente te ves intentanto poner una factura vieja encima del router a modo de filtro de café. A su vez has usado los clips como café, y te has echado dos grapas en el vaso de lápices, a modo de sacarinas.

Y pones rumbo a la otra punta de la casa, que es donde está realmente la cocina. Y ya sí, te preparas el café, y te autoengañas diciendo “hoy será un buen día” pero realmente está nublado y tienes que estudiar.Café