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Pensamientos de un pecador 3: La lujuria

Conviene leer antes: “Pensamientos de un pecador 2. La ira

Abro los ojos, veo una luz blanca y un incesante pitido, constante, como el despertador que todas las mañanas me saca de mis sueños. Pero este sonido es más intenso, y escucho como se hace constante, y pierdo el sentido.

Me duele la cara, vuelvo a escuchar el pitido, ahora más lento que el despertador de la mesilla de noche, involuntariamente me giro, y no veo un despertador, veo una cortina blanca, y vendajes que cubren mi nariz. Vuelvo a dormir.

Ya estoy consciente, y aparece un policía que me hace preguntas, noto que algo tenso en mi nariz, está caliente y duele. No recuerdo nada, simplemente salí de casa, había quedado con uno de tantos. “De usar y tirar”, como todos, pero este es un pesado, no me deja vivir tranquila, por ello decidí usarlo de nuevo, como un kleenex, quizás aclarando las cosas después me dejara en paz, y no molestaría tanto. No hay nada peor que acabar teniendo una aventura la puerta de al lado.

Al cabo de unas horas puedo recordar todo, mientras el doctor me retira los vendajes. Fue la novia de mi vecino, me pegó con algo en la cara, pero no puedo recordar el qué. Mientras el médico me sonríe, es bastante atractivo, la verdad. Sonrío, aunque creo que mi cara está hinchada.

Media hora después anoto otra aventura más en mi lista, nunca lo había hecho en un hospital.


Pensamientos de un pecador 2. La ira

Conviene leer antes “Pensamientos de un pecador 1. La Soberbia

Y salí de la cafetería entre lágrimas, mientras miraba como tu mirada se perdía entre la niebla. Tu mirada, siempre fija en ti mismo, mirando hacia adentro, y ahora mirando a tu i-pod. Las ideas de odio aparecían en mi mente, mientras la niebla se desvanecía y la lluvia caía sobre mi cabeza.

La lluvia, fundiéndose con mis lágrimas, mientras pasaba al lado de tu abejorro amarillo y negro. A eso no se le puede llamar un coche, en todo caso, abejorro. Y pasó tu querida vecina, siempre la quisiste a ella más que a mi.

Y en mi cabeza, todo el resentimiento acumulado salía a flote, mientras arrancaba el retrovisor de tu coche, y lo incrustaba en la cara de tu querida vecina. También la querrás con un accesorio oficial de mini incrustado en su nariz.

Pensamientos de un pecador 1. La soberbia

Tus ojos me miraban desgarrando mis entrañas, mientras la frialdad de tus palabras se mezclaba con el sabor del café cortado y el olor a cigarrillos de aquella cafetería de dos plantas. Pese a la seriedad de tu tono, no te presté demasiada atención, pues sólo me quedo con lo que me gusta oír, y no con lo que realmente debería escuchar.

Miré de nuevo al sobrecillo de azúcar, y vi en él estampado el logotipo del bar. Desde luego, si no tienen idea de diseño gráfico, deberían contratar a alguien, pensé, mientras tus frías palabras seguían saliendo por tu boca, como estalactitas de hielo, dispuestas a clavarse en mi conciencia. Pero yo seguía con mis cosas, sólo atiendo a lo que me gusta oír, y no a lo que realmente debería escuchar.

Entonces te levantaste, mientras pensaba que quizás debería arreglar la silla sobre la que estaba sentado, pues cojeaba. Y dijiste tus últimas palabras, a las cuales no presté atención. Al fin y al cabo sólo presto atención a lo que me gusta oír, y no a lo que realmente debería escuchar.

Y cuando saliste por la puerta del café, y te vi marchar calle abajo por el ventanal, me di cuenta que quizás debería prestar atención a lo que debería escuchar, y no sólo hacer caso a lo que me gusta oír. Por eso encendí mi i-Pod y escuché a Bach, al fin y al cabo, la audición de cello se acercaba, y no lograba una interpretación decente de la maldita Suite N. 1.


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¿Dónde me leen?

“In the long run we are all dead”

J.M. Keynes, uno de los principales economistas en la historia mundial. Si a este hombre se le hubiera hecho caso, el curso de la historia hubiera sido muy diferente.

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