Conviene leer antes: “Pensamientos de un pecador 2. La ira“
Abro los ojos, veo una luz blanca y un incesante pitido, constante, como el despertador que todas las mañanas me saca de mis sueños. Pero este sonido es más intenso, y escucho como se hace constante, y pierdo el sentido.
Me duele la cara, vuelvo a escuchar el pitido, ahora más lento que el despertador de la mesilla de noche, involuntariamente me giro, y no veo un despertador, veo una cortina blanca, y vendajes que cubren mi nariz. Vuelvo a dormir.
Ya estoy consciente, y aparece un policía que me hace preguntas, noto que algo tenso en mi nariz, está caliente y duele. No recuerdo nada, simplemente salí de casa, había quedado con uno de tantos. “De usar y tirar”, como todos, pero este es un pesado, no me deja vivir tranquila, por ello decidí usarlo de nuevo, como un kleenex, quizás aclarando las cosas después me dejara en paz, y no molestaría tanto. No hay nada peor que acabar teniendo una aventura la puerta de al lado.
Al cabo de unas horas puedo recordar todo, mientras el doctor me retira los vendajes. Fue la novia de mi vecino, me pegó con algo en la cara, pero no puedo recordar el qué. Mientras el médico me sonríe, es bastante atractivo, la verdad. Sonrío, aunque creo que mi cara está hinchada.
Media hora después anoto otra aventura más en mi lista, nunca lo había hecho en un hospital.