Escribiendo a ritmo de “Superstars” de David Fonseca, vídeo de la entrada anterior
Acusado en más de una ocasión de pérdida de retórica, es hora de dar una tacita de sopicaldo de sarcasmo al mundo.
¿De sopicaldo o de sopi-retórica?
Finalmente, tras meditarlo un rato, prefiero que tú te lo guises, y que yo me lo coma. Al fin y al cabo, es a lo que te tengo acostumbrado.
Eso sí, esta vez, te voy a yo dar la receta. Si hay ganas de meter la pata hasta el fondo, vamos a hacerlo bien. Al menos, que el odio esté fundado.
Además, como tú lo guisas y yo me lo como, al menos que me guste la receta. Aunque está claro, que guisas tú por tus ansias de superioridad. Hay que recordar, que también yo siempre he sido mucho mejor cocinero.
La verdad, que para cocinar bien hace falta algo de sensibilidad. Un ingrediente básico, carente en todas tus recetas.
Al fin y al cabo, por mucho solomillo que comas, nunca llegará a la altura de la zapatilla de mi chopped rebozado. Hay que tener la delicadeza y la sensibilidad para rebozar al chopped, y buen criterio para calentar el aceite de la fritura.
Ver canal cocina no te hace ni mejor ni peor cocinero. Simplemente, puedes quedarte con alguna técnica, o aprender algo de alguien.
Aunque claro, para aprender algo de alguien, también hay que estar dispuesto a hacerlo. Y definitivamente, creo que aún queda mucho por aprender. La diferencia es la disposición a hacerlo, y el modo de entender las cosas.
Al fin y al cabo, todo el mundo con el que he consultado coincide en una cosa. Deberías estar arrastrándote, quizás, para cuando estés dispuesto a hacerlo sea un poquito tarde.
Este cocinero se ha cansado de esperar una rectificación en condiciones, que nunca llegará. Por lo tanto, ya es tarde para hacerlo.
Total, uno puede estar muy cómodo detrás de su “Windows Live Messenger”, esperando conectar con un “Messenger:mac”.
Y oportunidades de hacer las cosas bien las ha habido. Pero ya, lo doy por perdido.
Espero que sepas abstraer la receta para hacer las cosas bien de este texto, y hacerlo antes de que te guarde en mi cajón de personas que no valen la pena.
Bueno, antes de que cierre el cajón contigo dentro. Esto quiere decir, que estás dentro del cajón, en este instante.
A las 7, como todas las mañanas, salta la tortura nuclear, quiero decir, el despertador alarma ataque aéreo. Café, ducha. Pones café soluble en el filtro de la cafetera, al fin y al cabo, son las 7 de la mañana, y el insomnio no te dejó dormirte hasta las 4. Eres un zombie andante. No pasa nada, comienza otra semana.
Ducha, y según cierras el grifo, la alarma de ataque aéreo sigue sonando. El modo Snooze es lo peor que se ha inventado en años. Nunca jamás apagas la alarma bien. Y siempre sales disparado a apagar ese taladro sonoro, que todas las mañanas empieza en tu oreja y sigue sonando hasta las once, sacándote de tus sueños y poniéndote siempre los pies en el suelo.
Calzoncillos al revés y los calcetines mal puestos, mientras suena imitation of life de R.E.M., como todas las mañanas. Conectado a un mp3 con unos auriculares de calidad dudosa, que no hacen graves como debería. Y coges el ascensor, pero los niños están yendo al colegio.
Y en el intervalo que transcurre entre que se cierran las puertas correderas del ascensor y se vuelven a abrir, piensas lo de todos los lunes: “hoy será un buen lunes”.
Pero Murphy está ahí, para estropear los escasos momentos de felicidad que puedes tener a lo largo de la semana. “La tostada siempre cae por el lado de la mermelada”. Y efectivamente, se abren las puertas de nuevo, y ves una pared vacía, pintada de amarillo natilla. Y giras, y ves la puerta verde, que tantos disgustos te ha dado al abrirla.
Hoy no iba a ser menos, la puerta no te iba a conceder la gracia un lunes más. Al fin y al cabo, no deja de ser febrero. Y como todas las mañanas, un frío horroroso. Y pones camino a la facultad, entre la densa niebla y la catástrofe meteorológica, que no hace que comencemos de buen humor la semana.
Como “gorilas en la niebla” bajas por la cuesta y el hielo, y das gracias al cielo por no haber cogido la bicicleta. Luego se despejará y hará un día estupendo. Castañas de la china. Una vez que has andado 500 metros, la distancia de no retorno a por un paraguas, la niebla se va. Y ocurre. Diluvia, pero no esa lluvia finita que simplemente molesta, ahora no. Ahora es esa maldita tormenta de verano, que en vez de ser de verano, es una lluvia de febrero, invernal, y encima el termómetro tiene la ironía de atreverse a marcar 42 grados centígrados.
Y la lluvia te cae como la sopa le ha caído a esta señorita. Eso sí, das gracias al cielo de ser alopécico perdido, y no tener los rizos de antes, porque en ese caso ya llegarías cual Medusa a la facultad, con tirabuzones congelantes incluidos. Pero eso sí, imitation of life sigue sonando, y da a todo ese matiz positivo que sólo R.E.M. sabe aportar a estas situaciones.
Pero en ese instante te pones a analizar la letra de la canción.
Like a koi in a frozen pond
Like a goldfish in a bowl
I dont want to hear you cry
¿Sarcástico, no? Estás congelado, la mochila pesa un montón, y para rematar, estás congelado, como el koi dentro del estanque. Y el poco positivismo de la canción se marcha según esperas en el paso de cebra y el amable conductor de autobús pasa a toda velocidad (cosa que no hace cuando tu tienes prisa y vas dentro) sobre un charco de agua. Si alguna parte de tu cuerpo no estaba mojada, la línea 2 se encargó de completar la faringitis de dos días después.
Y llegas a la facultad, y decides tomar un café para entrar en calor. Al fin y al cabo, tienes diez minutos. Y vas a la maquina de sucedáneo de café. Empiezas a meter monedas, una tras otra, deshaciéndote de todos tus céntimos. Como no, Murphy otra vez fastidiando la vida. Tienes 49 céntimos, el display digital indica que has metido 49 céntimos, y el café más barato vale 50 céntimos.
Mi reino por un céntimo
Ningún conocido ronda el pasillo, y el botón de devolución está averiado (como siempre). Entonces te conformas con el té, que vale 20 céntimos. Y no queda té. Presionas el botón de consomé, con la cara de asco y el agua chorreando entre los cristales de las gafas. Un consomé de desayuno. Y te lo tomas, eso sí, la máquina devolvió los 29 céntimos en monedas de un céntimo.
Y llegas a clase, y el profesor intenta contagiarme su buen humor, por eso ha llegado 20 minutos tarde. Y cuando dice “arriba esas caras que es lunes” piensas en el código penal, y el asesinato está mal visto, pero entonces tu cerebro se cruza, y lanzas la taza de consomé a su cara, mientras el resto de alumnos, crecidos por tu acto, lanzan sus cafés (sí, ellos tienen café), y comenzáis una revolución al más puro estilo “Mayo del 68″.
Entonces, suena la alarma nuclear de nuevo, y te das cuenta que sería conveniente coger el paraguas, por las dudas, ponerte un chubasquero, y salir un poco más tarde. Al fin y al cabo, será un buen lunes. Ah, los cafés, en una sola moneda, los céntimos para fotocopiadora.
Hoy, por un extraño motivo estaba arriba a las 8:00 de la mañana. Y no me quedé en la cama como cualquier otro domingo. Salgo a la terraza y veo que no hay ninguna nube, está amaneciendo y hace un día estupéndo.
Entonces una bombilla apareció en mi cabeza, y se encendió. Sabía que no iba a acabar bien, pero era la “healty lamp”, que normalmente se enciende en Carrefour. Concretamente en el pasillo de las ensaladas en bolsa, tan prácticas, tan sanas, tan asquerosas, tan saludables.
Y yo, con mi bombilla encendida, cogí las zapatillas de hacer deporte, camiseta, pantalones de hacer deporte, bandana para el pelo y el casco de salir a carretera. Y cuando me quise dar cuenta estaba dentro del ascensor con la bici, y con la idea de hacer un buen recorrido en bicicleta.
Ahí estaba yo, cual dominguero saludable, subiendo la última cuesta de “Escuelas Viejas”, con la firme intención de llegar a Ledesma. Todo era estupendo y maravilloso, el sol relucía y el mp3 no ponía canciones excesivamente melodramáticas (cosa extraña, porque el mp3 tiene piezas interesantes). Y todo era estupendo y maravilloso.
Salgo a la carretera, me pongo mi casco de hormiga atómica (dominguero saludable) y a pedalear. Especialmente optimista, cantando a grito pelado (los coches corren, no me pueden oir). Pasa una gasolinera, pasa mercamueble, pasa Villamayor, pasa un bambi que casualmente estaba por el monte, mariposillas y demás.
Pasan las urbanizaciones, y los chalets de dudoso buen gusto (cada vez me parecen más horteras las vidrieras), con celosías blancas de plástico y enanitos en el jardín. Y llega la nada. Todavía faltan 20 kilómetros para ledesma, y el mp3 se pone tremendista.
A ritmo de “hoy por ayer“, decido que estoy cansado y hay que volver, doy la vuelta en la carretera, no sin ser casi atropellado por un yundaicupé, y comienzo al revés. Veo la otra gasolinera y decido que tengo sed, y de paso así pillo “el jueves”, que me habían dicho que venía con un regalo… Pero no, no tenía regalo (por si el que me dijo que tenía regalo lee esto, que sepa que le iba a comprar otro jueves, pero al ver que no tenía regalo… vamos, que ya te lo pasaré…). Compro una botella de agua, y justo en ese momento comienza la catástrofe.
Voy a pagar, y no tengo dinero (catástrofe de nivel 6 sobre 10). El hecho de tener que ir a un cajero en Villamayor es toda una experiencia. Si hay algo que me jode es no ser previsor en el tema de las pelas. Yo creía que tenía monedas!, pero no. La mujer del kiosko cada vez me estaba mirando con una cara peor, y la charra que llevaba dentro estaba apareciendo.
Y yo, cual tomante, “ahoramismovengo” y busco cajero a la redonda… NOOOOOO!!!! el único que veo NO ES SERVIRED! mierdaaaaaa comisión de 2,40 para el menda. Mi función de utilidad a la mierda, pero es que la liquidez era necesaria (debería poder pagarse jueves y botellas de agua con tarjeta).
Regreso, espero la cola y veo que la bici está en el suelo. La levanto, vuelvo a entrar a la tienda, compro, bebo agua, jueves a la mochila, dani sobre la bici. Justo en ese instante suena en el mp3 “Losing my religion“. Voy a arrancar, y suena “CRONCKGGGG”.
Cara de poker, mp3 sonando, y lo veo RUEDA REVENTADA, la cámara rajada, por fuera de la cubierta. Pensamiento básico del momento: “NO PUEDE SER CIERTO”. Y tras 2 minutos de shock, el mp3 se encarga de recordarme que cuando el mundo es irónico, puede ser peor, y como estaba con REM, pone “bad day“. El mundo se torna sarcástico.
Y yo y mi dominguismo saludable… en pleno apojeo, en mitad de la NADA sin una cámara para cambiar, sin un bombín para hinchar la rueda, sin un mísero parche para reparar la cámara. En mitad de la nada, sin nada. Bueno sí, con un mp3 lleno de mierda melodramática, un jueves en la mochila, y una bici de oferta. Mi pensamiento era sólo uno: MIERDA DE BICI, y luego ya iba evolucionando a los que todo buen dominguero tiene:
Hay que cuidarse
Oh, como tira la cuesta
No puede ser cierto
Si es que me tenía que haber quedado en casa
Unos abdominales se pueden hacer en el suelo de casa, sin salir de casa
Maldita la hora en la que decidí salir
Joder que frío hace… y yo tengo un edredón nórdico
Me cago en la bici y en la idea de hacer ejercicio
En cuanto llegue a casa cambio la música del mp3
En cuanto llegue a casa lo escribo en el blog
Y podría seguir, una lista infinita de pensamientos de odio hacia la vida sana. Ahora, eso sí, con la de endomorfinas que están nadando por mi cerebro, ahora mismo, estoy MUY DESCANSADO, y me voy a duchar, antes de coger un resfriado.
J.M. Keynes, uno de los principales economistas en la historia mundial. Si a este hombre se le hubiera hecho caso, el curso de la historia hubiera sido muy diferente.