Like a perfect Gentleman

A 6 grados centígrados, uno más que en Salamanca. (Para que luego los charros digan “qué frío, de Béjar”). Ya no tiemblo, y ahora el frío se ha marchado. Se quedó esperando a alguien conforme abrí la puerta, y entré dentro de casa, sentir como el calor me abraza es agradable. Todas las luces apagadas, y la iluminación urbana se cuela entre los visillos del salón, reflectando una farola en el lacado del piano.

Silencio, y presiono el interruptor, y se encienden los dos focos halógenos de la entrada. Toda casa que se precie tiene una entrada, y dos focos halógenos. Me giro sobre mi mismo, y cierro la puerta, con cuidado. El calor me sigue abrazando, e introduzco la llave. Una vuelta, dos vueltas, y la llave colgando. Avanzo, abrigo fuera, luz fuera.

Ya no soy capaz de conocer el número exactos de pasos, desde la puerta de entrada, hasta la puerta del pasillo. Es más cómodo atajar por el salón. Y la luz sigue reflejándose en el lacado del piano. Nadie ha bajado la tapa desde que llegué, nadie ha recolocado el fieltro desde que llegué. Avanzo recto, en vez de girar a la derecha, para ir a mi habitación. Paso intencionadamente al lado del piano, y presiono el Do sobreagudo. Las distancias de casa ya no las conoceré, pero nunca dejaré de saber donde está el Do sobreagudo.

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Doy la vuelta, y sigo por el camino hacia mi habitación, no sin tropezarme con la alfombra, y pegar una patada al poto. Tengo sed, así que decido apurarme, y dejarme de tanta tontería. Entro a la habitación, abro el mac, y me quito las zapatillas. Ya con luces se llegar a la cocina, Dos puertas, giro a la derecha en el pasillo, haciendo el palito central de la T mayúscula que es el pasillo. Primera puerta a la izquierda, el interruptor, a la izquierda, encima del microondas. Los focos de bajo consumo se encienden, mostrando esa luz mortecina y blanquecina, que no será intensa hasta dentro de 10 minutos. No hay vasos normales limpios, y cojo uno promocional de cocacola. Abro la nevera, y queda un poco de Cocacola Ligth (coca litgth en versión familiar). Miro en el placard (de nuevo, la versión familiar de armario), y aparece un apetitoso cruasant, susceptible de ser rellenado de jamón y queso, y puesto a dar vueltas dentro del microondas.

Y me lo pienso mejor, es mejor comer algo de fruta, engullo una mandarina, me trago una manzana. Y bebo el vaso de coca ligth. Decido ser un aventurero, y opto por no encender las luces del pasillo, camino al baño. De nuevo, no soy capaz de medir las distancias. Obviamente en el baño no hay una cama, obviamente, el baño no está pintado de blanco magnolia. Definitivamente, esa habitación no es el baño, es la habitación contígua al baño. Avanzo un poco más, y ya veo, los azulejos hasta el techo, la toalla perfectamente colocada y el dispensador de jabón líquido. No hay fallo, efectivamente se trata del baño. 

Tengo que ir de un extremo del palito superior de la T al otro. No es difícil, y la luz de las farolas se cuela entre los estores. Pero aparece esa columna, que siempre ha estado ahí, y que, como no, me llevo por delante.

(Mamá, si lees esto, no estoy borracho ni nada parecido, los cuadros de la columna están en su sitio, y no he desconchado ninguna capa de pintura amarillo natilla con el golpe, de hecho, sólo he tomado una copa con Manu en el Carlos, de hecho, no ha habido tal golpe, lo habrías oído, y seguramente habrías oído el “J*D*R” que hubiera continuado, por cierto, al final me comí el ultimo cruasant, así que he frustrado el desayuno de alguien… Y ya metí otra cocacola en la nevera.)

Llego a mi habitación, interruptor, y de nuevo, focos halógenos que se encienden. El paraíso de la mandarina intensificado por focos halógenos y edredones naranjas. Manu ha optado por irse ya a la cama, no está en el messenger, así que yo me piraré en breves, en cuanto termine de escribir esta rayada.

Pero opto por salir a la terraza un rato, antes de dormir. Se escucha a lo lejos el sonido de un río. Es mucho más interesante, y sitúa a la casa mejor decir que es un río, y no una alcantarilla que está en una calle cuesta abajo. Por ello, escucho el sonido lejano de un río, y de vez en cuando un descerebrado, digno de Pizarrales, subir la calle a toda velocidad, como si fuera lo último que va ha hacer en su vida. Puede que para alguno que otro, fuera lo último que hizo en su vida.

Entro de nuevo, y el calor de casa, como siempre, me abraza. En invierno me abraza el calor, en verano, por suerte, me embriaga el fresco de esta casa. Espero que mañana por la mañana el frío no esté muy mimoso, y no me quiera abrazar, como hace tantas mañanas. Cierro las cortinas, y ahora la luz rebota en cientos de lomos de libros, de nuevo a oscuras.

Ya, cansado, fuera gafas, en la estantería encima de la cama. Y me entrego al sueño.

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1 Response to “Like a perfect Gentleman”


  1. 1 Sergio 22 febrero 2009 en 15:24

    Como diría el gran Yoda: “el sombrero me quito…” jejejeje


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