Descansando

Zen

Zen

Hay días que son menos intensos, pero que inexplicablemente terminas mucho peor. Y es cuando me gustaría coronar estos días de una forma relajante.

Problemas para lograrlo:

  1. Ser asquerosamente rico, o al menos ser rico
  2. Vivir en un clima tropical constante, pero con invierno para no echarlo de menos

Como no es el caso, sólo queda darme a la imaginación. Y por eso recurro a las bolitas de relajación Zen. ¿funcionan? A ratos, es relajante el sonido de campana al chocar, al girar. Pero no es el ideal para la conclusión de un día redondo. Bueno, concluir un día cuadrado de una forma redonda.

Así que dejemos volar la imaginación.

Cansado, y aburrido de las bolitas de relajación Zen, tan útiles a veces, en el despacho. Tan inútiles en casa. Opto por dejar de tocar un rato el piano Steinway (un piano de estos vale unos 60.000 euros)… y lo mejor será relajarse en la terraza. Enciendo el equipo de sonido, pongo el CD de Pastora, y dejo que suene el “archivo de palabras tristes“. Me tumbo en el sofá de la terraza, y veo las estrellas. La brisa roza mi barba, mientras tomo un sorbo del té de rooibos con frutos del bosque. Es agradable ver como el vapor se levanta por encima de la taza, haciendo formas sugerentes, enrevesadas. 

No estaría mal un chapuzón, aunque aún estemos en abril, pero da igual, la piscina tiene el agua a 32ºC constantemente entre septiembre y mayo (sí, piscina con agua climatizada en un ático, es imaginación, ¿no?). Un chapuzón, un largo… y veo pasar los coches 15 pisos más abajo (he dicho que estamos dándole a la imaginación, ¿vale?). Pocos conocen este oasis en medio de la urbe.

Ya dentro, hay ganas de comer algo. Miro dentro de la nevera. Queda suficiente salmón ahumado y mostaza de dijon para hacer un sandwich con pan de semillas. Pero no queda pan de semillas. Se ve que alguien lo desayunó.

Una llamada de teléfono y tres minutos más tarde aparece un nuevo pack de pan de semillas en casa (asquerosamente rico, repito, asquerosamente rico). Al fin y al cabo, no todos los días se firma la adquisición del principal competidor de tu empresa, hoy hemos comprado Iberia (asquerosamente rico, repito, tirando de imaginación).

Y aparece Keynes con sus babas, tan majo, con ese ladrido tan grave.

Entonces, me caigo de la cama, y como siempre, me veo en un ático. Sólo que en vez de 600 metros cuadrados tiene 60, en vez de piscina, tiene hamaca. Y encima llueve, no puedo usar la hamaca.

Al menos, espero que Keynes sea un perro grande, y no me tenga que conformar con un cocker…

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