Juicios de valor

Estaba yo terminando hoy de comer, cuando veo que el programa de wordpress de mi móvil tiene una nueva notificación, y además salta el aviso de un nuevo email, relacionado con esa notificación.

Relacionado con esa notificación y con un nuevo comentario en esta entrada.

Oh… un nuevo comentario. Y parecía que este blog estaba más muerto que un bacalao en sal, esperando para ser desalado y meterlo en agua con garbanzos para hacer un rico puchero.

Y leo el último comentario.

Vaya, parece ser que tengo un blog para:

Tener un blog para hablar mal de una persona o un grupo rebela tus malos sentimientos. Estoy seguro de que por tu perfil, la policia te ha de buscar.

LUIS 7 Marzo 2010 en 18:09

Curiosa definición de mi blog. Definitivamente cada vez me sorprendo más de la incapacidad, bueno, la capacidad de la gente para… no leer el blog.

Es sorprendente, ahora mi blog está dedicado íntegramente a esto, de hecho es el único propósito. Claro, yo en mi blog no hablo de economía, es que algo que me apasiona. Tampoco hablo de lo que me pasa, de hecho, la gente que me fastidia me ocupa tanto tiempo, que les dedico una entrada por la semana mínimo.

Y tengo tan mal fondo, que nadie se digna a tomarse un café conmigo, de hecho no tengo amigos, puesto que mi mal fondo los espanta.

Está claro, soy mala persona. De hecho, empiezo a plantearme la idea de entregarme a la policía. Creo que sería la mejor opción para la sociedad. Ah, espera, que soy malvado, si voy a seguir aquí, fastidiando al personal.

Y esta entrada ha hecho que vuelva a escribir, sobre algo a lo que venía dando vueltas a la cabeza. Los juicios de valor.

Ahora mismo tengo un perfil de tener más mal fondo que la última balda de la nevera de un piso de estudiantes.

Nótese que soy estudiante, y sé lo que es la vida de estudiante. Aquí no hablo mal de nada ni de nadie, no me refiero al grupo de estudiantes en general. Cada cual que haga lo que quiera, sólo sé que en mi nevera las lechugas se me pudren, y acaban desterradas a la última balda de la nevera.

Entonces, claramente, ahí se está emitiendo un claro juicio de valor sobre mi. Y es algo a la orden del día. No sobre mi, sobre todo el mundo. Creo que la sociedad está llena de juicios de valor.

Que quede claro que no me refiero únicamente a un sujeto, ni mucho menos a la persona que comenta en mi blog. Simplemente me refiero a la sociedad en su conjunto, si alguien en concreto se da por aludido en este punto, sólo puede significar que tiene mucho ego. Repito, cada cual puede hacer lo que quiera, cada cual puede dejar que sus lechugas se pudran en la bañera del aseo, si así lo cree oportuno.

Y más aún si uno es de pueblo. En ese caso, los juicios de valor llevan menú extra. Es decir, uno acaba crucificado, si es de pueblo. Haga las cosas bien o mal dará igual, los prejuicios siempre existen.

Es digno de resaltar en esta parte del texto que soy de pueblo. No me refiero a un pueblo en concreto, ni a al Pueblo en general, simplemente a los núcleos de menos de 20.000 habitantes.

Por ejemplo. Yo seguiré siendo el hijo del barbas. Claro he aquí un buen prejuicio. Mi señor padre es un profesor magnífico, y está claro que si el Barbas no te ha dado clase, no sabrás muchas cosas, ni podrás apreciar su excelente labor docente. Pero el Barbas era el jefe de estudios de mi instituto, y por tanto, en aquella época tenía el papel de “Poli Malo”.

Ah amigo. Criticar por criticar al pobre hombre. Si a eso le sumamos su hijo introvertido como nuevo alumno, uno se ha comido los mocos durante toda la época de estudiante de secundaria.

Eso sí, los hijos de otros profesores más guays, eran guays. Claro, pero es que la faceta guay de mi padre no se conocía hasta primero de bachillerato. Y no todo el mundo llega a primero de bachillerato.

Con determinada gente me puedo permitir tener los prejuicios que me de la gana, al fin y al cabo, yo he sido y seré el hijo del Barbas, y no Dani, por los siglos de los siglos, amén.

Claro, uno acaba hastiado, bueno, hasta las narices de todo esto. Y al final uno acaba pasando de los prejuicios. Detrás de lo que se dice de alguien, está esa persona, que merece la pena conocer, y una vez que la conozcas, ya estarás en situación de decir, o dejar de decir. Pero nunca sin conocer.

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1 Response to “Juicios de valor”


  1. 1 Marian 9 marzo 2010 en 0:32

    ??? el comentario, de todos modos, tiene pinta de haberlo escrito un niño de 5 años…


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